La evaluación del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es un proceso clínico que permite comprender de forma global el funcionamiento del niño, adolescente o adulto, más allá de los síntomas visibles.
Desde un enfoque neuropsicológico, no se trata solo de identificar dificultades atencionales, sino de analizar cómo funcionan diferentes procesos cognitivos implicados en el aprendizaje, la conducta y la regulación emocional.
Durante la valoración se analizan distintas áreas:
Este análisis permite entender no solo si existen dificultades, sino también cómo afectan al día a día.
La evaluación suele incluir varias fases:
1. Entrevista inicial
Recogida de información sobre el desarrollo, historia clínica, escolar y familiar.
2. Aplicación de pruebas estandarizadas
Se utilizan test específicos que permiten medir de forma objetiva el funcionamiento cognitivo.
3. Cuestionarios
Se recaba información de padres, profesores u otros contextos relevantes.
4. Observación clínica
Se valora la conducta, el estilo de trabajo y la forma de enfrentarse a las tareas.
El objetivo no es solo poner una etiqueta, sino:
Un buen diagnóstico permite diseñar un plan de intervención ajustado a las necesidades reales de cada persona, evitando generalizaciones y favoreciendo un abordaje individualizado.
Este proceso es fundamental para acompañar de forma adecuada el desarrollo y bienestar de la persona.